Movidos por el amor de Cristo, al servicio de la Iglesia que sufre

El martirio de San Esteban

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En la persona de la Virgen María, Reina de los Mártires, reconocemos la belleza de nuestra vocación. En toda la Creación, María es la única que nunca estuvo sometida –ni tan siquiera por un instante– a la ley de la muerte. A diferencia de San Pablo, el corazón de María nunca aprobó en manera alguna ninguna forma de matanza. Al tenderle el manto rojo del martirio a Saúl, María también le confiere la gracia de su Inmaculado Corazón, amadrinando así su renacimiento como San Pablo, el gran Apóstol de los Gentiles. Ayuda a la Iglesia Necesitada encomienda su corazón a María para que lo mantenga firmemente anclado en la Palabra Eterna y Encarnada alumbrada por ella.

El cielo abierto revela la gloria de Dios y Su Hijo Resucitado. La mano de Dios que desciende del cielo confiere a quienes eligen seguirle el poder de participar de la victoria de Cristo sobre la ley del pecado y la muerte. Al percibir la gloria del Cristo resucitado, portador de vida, sus seguidores, en lugar de ser agentes de la muerte, reciben la fuerza para soportar los violentos embates de un mundo aún esclavizado por la muerte. Ayuda a la Iglesia Necesitada ruega humildemente a Dios Todopoderoso que le conceda la gracia de una inquebrantable fidelidad a la llamada al discipulado de Cristo Resucitado.

En la persona de San Esteban, el primer mártir de la Iglesia, reconocemos a los mártires de nuestros días, perseguidos y acosados por su fe en Cristo y su lealtad a la Iglesia. Al igual que San Esteban, han respondido a la llamada de Dios para atender las necesidades del prójimo, y también su labor y testimonio están bendecidos y se convierten en un escollo para el mundo que los rodea. Sus ojos, al igual que los de San Esteban, ven la gloria de Dios y del Hijo del Hombre Resucitado. Al igual que San Esteban, soportan con espíritu de perdón la violencia de la que son objeto. Ayuda a la Iglesia Necesitada implora la intercesión de San Esteban para que los perseguidos puedan perseverar y para que nunca decaiga su solidaridad con ellos.

En la persona de San Pablo encontramos el modelo de conversión por excelencia. Siendo en un principio favorable a la decisión de dar muerte a San Esteban, posteriormente, los ojos espirituales de San Pablo llegaron a percibir lo que veía San Esteban, pero de una nueva forma. De camino a Damasco, San Pablo vio al Señor Resucitado no sólo en el cielo, sino también en las personas que perseguía. Su conversión implicó asumir el manto rojo del martirio. La clara visión del amor de Cristo despertó en San Pablo una inmensa fuerza para dar testimonio de él. Ayuda a la Iglesia Necesitada ruega a San Pablo que la guíe en sus esfuerzos por apoyar la misión evangelizadora de la Iglesia, en particular, en regiones de extrema precariedad y pobreza.